Estamos rodeadas

Me encontré por primera vez con el arte de Paula Bonet este 8 de marzo, en la manifestación feminista de Barcelona. Entre los muchos carteles que exhibían mujeres cabreadas, estaban los suyos. Desde entonces la sigo, en Instagram sobretodo.

8 MARZO al

A raíz de la desconcertante puesta en libertad condicional de todos los miembros de La Manada, en prisión provisional desde hacía 2 años, con una condena de 9 años por abusos sexuales a una chica de 18 años, a la que presuntamente VIOLARON en un portal, a espera de que la sentencia se hiciera firme, a esta mujer se le ocurrió la soberana temeridad de escribir un tuit.

No se hicieron esperar las respuestas, muestras de apoyo y, como no, los insultos. Por algún motivo, siempre que una mujer remueve conciencias en temas de feminismo, a muchos les da por darse por aludidos y no faltan los “puta”, “histérica”,  “malfollada” y el siempre presente “feminazi”. Falta un poco de comprensión lectora o un simple pensar antes de disparar porque estar rodeadas no implica que todos sean violadores, sino que estos 5 sujetos no son los primeros ni serán los últimos,  que los que violan no son solo bestias que acorralan en portales, monstruos anónimos que atacan a mujeres al azar en callejones oscuros, sino que se encuentran en todos los ámbitos de la vida pública y privada y, muchas veces, son personas normales y, ocasionalmente, son conocidos e, incluso, seres queridos.

Y es que en España se registra una denuncia por violación cada 4 horas, 10 al día por abusos sexuales a menores… muchas, pero estamos a la cola de Europa, en el puesto 26 de los 36 países que recopilan datos con finalidades estadísticas (Eurostat, 2017), por detrás de países con legislación más dura contra la violencia sexual y mayor grado de igualdad de género, como Suecia, con amplias políticas en materia de Igualdad de Género, la tasa se sitúa en 120 por cada 100.000 habitantes, muy por encima de los 18,6 en nuestro caso. Es decir, en países donde la sensibilización, visibilización e intolerancia a las violencias machistas es mayor, también lo es el número de denuncias. En cuanto a la distribución por sexo, según Eurostat, la mayor parte de las víctima de delitos por violencia sexual registrados en estos países son mujeres (85,8%), mientras que la mayor parte de los sospechosos (96,5%) y de los delincuentes (98,3% de los condenados) son hombres. De acuerdo con la agencia de Derechos Humanos de la UE, el 55% de las mujeres europeas han experimentado una o más formas de acoso sexual a lo largo de su vida, un tercio han sufrido violencia física y/o sexual desde los 15 y una de cada cinco reconoce haber sufrido acoso sexual. Datos y más datos, pero algunos no quieren darse por enterados de que, en efecto, esto pasa, es un problema y, sí, estamos rodeadas.

Sin ir más lejos, en la verbena de San Juan no hubieron solo hogueras y fuegos artificiales (y playas, calles y parques en un estado esperpéntico, ya que hablamos), sino que la noche de fiesta dejó cuatro denuncias por agresión, solo en Cataluña. Dice el conseller de interior, Miquel Buch, que el caso de La Manada ha aumentado la concienciación de la sociedad, que ha asumido que no se pueden normalizar estos casos. Más bien a mi me parece que lo que está pasando es que la prensa es consciente de la alarma social y se está poniendo el foco en este tipo de noticias (para bien y para mal). Contraria a la opinión del señor Buch, yo creo que en los próximos meses es posible que haya una disminución en las denuncias, no por una reducción de la incidencia, sino por una menor confianza en el sistema judicial. Todos hemos sido testigos del gran despliegue mediático, del arduo proceso, del amargo desenlace y de la poco comprensible, desde el punto de vista social, resolución de la justicia de poner en libertad a estos individuos. Todo esto, sumado al acoso que ha sufrido la víctima, que ha visto como sus datos personales y las imágenes de la vejación a la que fue expuesta han salido a la luz sin su consentimiento, me hace pensar que personas que en el futuro se encuentren en una situación similar se verán desalentadas a denunciar. Ahora mismo, visto lo visto, es difícil convencer (y convencerse) de que, en estos casos, la mejor elección para la víctima es denunciar.

 

 

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